miércoles, 15 de abril de 2009

El herido de bala


Durante ocho años de mi vida profesional trabajé en sala de operaciones en mi condicion de Enfermera anestesista, cuando en aquellos tiempos durante las veinticuatro horas sólo contabamos con seis horas con un médico anestesista …. el resto eran cubiertas con un sistema de “reten” cabe decir que el médico estaba en su casa esperando una llamada del hospital cada vez que se requería de sus servicios cuando había una emergencia y teníamos que ingresar a sala de operaciones, algunas veces llegaba antes de comenzar la cirugía pero en la mayoría de las oportunidades eramos las enfermeras anestesistas la que iniciabamos la anestesia y ellos llegaban cuando ya el paciente estaba siendo intervenido.

Dejé sala de operaciones y me especialicé como enfermera "emergencista". Laboraba ya casi cinco años en emergencia cuando una noche de guardia la policía trae a un paciente herido de bala…. Teníamos que ingresarlo de inmediato al quirófano, pero con tan mala suerte que la enfermera anestesista de turno no estaba…. se reportó enferma, el médico anestesiólogo estaba de reten y no contestaba las llamadas.

El cirujano de guardia se me acercó y me pidió que de la anestesia. A las enfermeras nos tenían prohibido dar anestesia. Le respondí al médico que no podía asistirlo, que esperaramos al médico anestesista, pero me dijo que si nos tardábamos, el paciente corría el riesgo de morir.


Me senti mal. Tenía temor a la responsabilidad de ingresar al quirófano después de cinco años de estar alejada de sala de operaciones, así que seguí en mi negativa, me di media vuelta y al pasar por el costado de la camilla del paciente herido, éste con voz entrecortada y con lágrimas en los ojos me dijo: "señorita, por favor, sálveme... no quiero morir”. Sentí una presión en el pecho y no hice más que encomendarme a Dios. Le dije al personal que prepararan la sala y al médico “está bien, daré la anestesia y que Dios nos ayude”.

Era verano, hacía un calor intenso, el aire acondicionado de la sala se encontraba malogrado mi paciente casi entraba en shock por hemorragia interna, y para complicar más las cosas, el paciente un hombre pequeño obeso y con una gran cicatriz retractil a nivel del cuello que me complicaba más las cosas ya que no podía hiper-extender el cuello para intubarlo…. sudaba mucho, no sé si por el calor del verano o por los nervios. Era una situación tensa, casi a ciegas logre intubarlo y darle una anestesia adecuada .

El cirujano no perdía el tiempo y con una habilidad felina operaba al paciente. Ya pasada la tensión del inicio, el cirujano con voz paternal me dijo “calma hija, ya terminé”……. extrajo la bala sin problemas y contubo la hemorragia. El paciente se había salvado.

En ese instante, escuché la voz del anestesió: “¿Ya terminan?”, preguntó. “No doctor, ingrese al quirófano, su paciente lo espera" le respondí.

Le reporté el caso y me dijo “bien Soledad”, se quedó en el quirófano cuando ya el cirujano cerraba la piel. Sentí un gran alivio que el paciente se salvara, y me conmovió ver la cara de alegría de los familiares, ya que no sabían por el momento que su familiar y el equipo de salud habiamos pasado, para llegar a este desenlace .

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